Gobierno de Ramón Castilla

La historia política de Perú, al igual que en la mayoría de los países de América son particularmente complicadas. Sin embargo, hay períodos que tienen una mayor importancia por su relevancia en el entorno de la política y el cambio considerable que se realizó durante determinada época. En este caso, el Gobierno de Ramón Castilla es uno de ellos, caracterizado por su gran importancia durante este período.

¿Cuál es la importancia de Ramón Castilla?

Durante su primer Gobierno, Castilla fue considerado como el que lideró el hito fundacional en la historia de la política peruana. Esto se debió a que estableció una especie de alianza entre los liberales y conservadores, un detalle que le otorgó el control total de las determinadas tensiones que había en las diferentes tensiones en las que se había dividido el país después de la Independencia.

Este gobierno se caracterizó por ser personalista y centralista, un detalle que fue el pie para el punto de distinción del tipo de gobierno peruano que se tendría más adelante. Gracias a la bonanza del guano, se estableció cierta independencia económica de las diferentes entidades comerciales que existían, dándole la oportunidad al Perú de ejercer un monopolio sobre su principal recurso natural.

Toda la política de Castilla fue establecida por el discurso de Bartolomé Herrera, que coaccionaba el respeto a la autoridad, la unidad nacional y el amor a la patria. Es precisamente por ello que se eliminaron, casi en su totalidad, los enemigos políticos. Sin embargo, su gobierno fue un punto de diferencia y un paso a la evolución. En él se abolió la esclavitud, se planteó un primer presupuesto nacional y se eliminó la contribución indígena.

Además, también se instaló el alumbrado de luz a gas en Lima y con el presupuesto se priorizó el pago de militares y burócratas civiles para que se pudieran construir obras públicas. Lo mejor de todo, es que también hubo una reforma educativa que ayudó a incrementar el avance de la sociedad.

Escenario electoral de 1851 en el gobierno de Castilla

Una vez terminó su primer período de presidencia, Castilla asumió un papel menos reconocido en el gobierno, apoyando así la candidatura del general José Rufino Echeniquea la presidencia de la República peruana. Los diversos participantes establecieron sus diferentes estrategias políticas, entre los que estaban Miguel San Román, Domingo Elías, Manuel Ignacio de Vivanco y José Rufino Echenique.

Sin embargo, luego de medir y exponer todo lo que deseaban hacer durante su período presidencia, Ramón Castilla continuó inclinando la balanza hacia su candidato principal. Lo había apoyado desde el principio y, por ende, creía que el hombre era el más apto para asumir la presidencia luego de su período, especialmente para mantener los logros que había establecido y establecer nuevos elementos que fuera útiles para la correcta democracia.

Sin embargo, más tarde, todo lo que había construido con increíble esfuerzo y buenas estrategias políticas, podría verse amenazado debido a una mala elección. Esto se debe a que no se creía que Echenique fuera el más apto para asumir el mando que se le estaba ofreciendo.

La paz castillista amenazada

Tiempo después, las personas comenzaron a manifestar el profundo descontento que sentían hacia el nuevo mandatario. Esto se debía a que se creía que se habían realizado múltiples adulteraciones y falsos reclamos de la deuda interna, por lo que se levantaron una gran cantidad de levantamientos y rebeliones para el mandato de Echenique. Esto desestabilizó la ya precaria estabilidad política que se había ido rompiendo con los años.

No fue hasta 1854 que ocurrió la guerra civil, una en la que Ramón Castilla tomó participación rápidamente. Poco después, Castilla logró asumir el mandato y control de la presidencia durante el año 1855, sin embargo, esta vez debía lidiar con diferentes problemas que se estaban incrementando. Su período duraría desde 1855 hasta 1862, proponiendo en 1861 al general Miguel San Román.

Sin embargo, esta vez el proceso político no fue tan pacífico, pues las facciones que se habían revelado en 1854, continuaron dando problemas. Adicional a ello, se añadió la profunda crisis de las finanzas públicas, un detalle que solo incrementó los problemas sociales que ya se estaban viviendo. La política que se había establecido comenzó a desestabilizarse mucho más.

De hecho, la Convención, que había sido la que había apoyado que Castilla ingresara nuevamente al control político, se convirtió en su principal opositora. Esto se debió a que tenía una profunda tendencia libera y, frente a la conservadora y autoritaria de Castilla ocurrieron muchos enfrentamientos.

Sin embargo, en 1856, se implementó la Constitución Liberal, apoyada con ciertas reservas por Castilla. La misma fue eliminada un año más tarde. Luego, tras fue apoyada una Constitución Moderada en 1860, que estuvo en vigencia hasta el año 1920.

En el año 1862 entró en el poder Miguel San Román, aunque duró poco porque enfermó y falleció poco después. Castilla nuevamente asumió el poder, para luego pasarlo al vicepresidente Pedro Diez Canseco.

Abolición de la esclavitud

En 1854 fue que los esclavos finalmente pudieron ser libres, cuando el presidente Ramón Castilla firmó un documento en el que se abolía definitivamente la esclavitud. Sin embargo, esta intención se mantuvo firme desde que se logró la Independencia, aunque solo se logró mucho tiempo después. De hecho, San Martín había decretado la libertad de los hijos de los esclavos nacidos en Perú en 1821.

Lamentablemente, una serie de intereses mal administrados impidieron que se acabara con la esclavitud como tal, por lo que muchas personas no fueron libres hasta que Ramón Castilla asumió la presidencia. Debieron esperar 21 años para poder obtener libertad y justicia, teniendo los mismos derechos que otros ciudadanos.

En definitiva, el gobierno de Ramón Castilla fue un paso muy importante para la creciente evolución que sufrió Perú después. Fue un pequeño paso para la identidad que asumirían los demás gobiernos y, además, para la sociedad como tal. Es precisamente por ello que actualmente sigue siendo de gran importancia, nombrándose como uno de los períodos presidenciales históricos con mayor relevancia.

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